Saarlouis
Aunque no recuerdo la fecha exacta, un buen día de fin de semana nos decidimos Mariña y yo a irnos de excursión a Saarlouis, una de las pequeñas ciudades de Saarland que todavía no habíamos visitado. Decidimos ir un domingo soleado, con la intención de ir a dar un paseo por la mañana, y hacia el mediodía volver a casa a comer, y así yo seguía trabajando en mi (hoy en día superado) proyecto de fin de carrera.
Para mi desgracia, olvidé la cámara encima del escritorio, asi que de una manera muy patética aún no tengo fotos del lugar, pero planeo volver otro día y rematar la faena. Después de una escasa media hora (o menos, no lo recuerdo exactamente), llegamos al lugar, y nos dimos cuenta de que debía ser muy pequeño. Estuvimos intentando un camino que (deduje yo) nos llevaría al centro de la ciudad, pero resultó que no. Así que tomamos el camino contrario y después de un buen número de dudas y cambios de dirección más o menos erráticos, llegamos a lo que debía ser a "plaza del pueblo". Había una feria al más puro estilo Feria de Pueblo, con su tómbola, sus caballitos y sus puestos de comida, algodón de azúcar y curiosidades.
Dimos una vuelta por allí, un sitio por cierto muy bonito, y llegados ya a la prudente hora de las 12:30 (hora alemana, se recuerda) nos paramos a tomar una cañita en una terraza, donde una arisca camarera nos sirvió de mala gana. Para castigarla no le dejamos propina. Desde nuestro puesto en la terraza pudimos ver al asombroso hombre "Pancarta Electoral Feita na Casa", que reivindicaba no sé qué de la democracia que parece que no se disfruta en Alemania. Me quedo con la versión de que no lo entendí bien...
Muy cómodos en la mesa, y conmigo apunto de pedir la segunda, decidimos que nos dábamos otra vuelta y que si nos apetecía parábamos a picar algo, que ya había hambre. Y así lo hicimos, y nos encontramos en otra calle muy bonita donde había varios sitios para comer que no parecían exigir órganos vitales a modo de pago, y elegimos una pizzería que a la una y media de la tarde parecía haber acabado con el turno de "Comidas". Alemanes.
Pedimos una pizza muy rica y muy grande y disfrutamos de la comida y la charla, hasta que una vez acabado el plato, nos alejamos dando otro agradable paseo y enfilamos directos (es un decir, vaya) hacia la estación de trenes, donde cogimos un tren y llegamos de vuelta a casa con tiempo suficiente para tomar una siestecilla.
Así, mandriles, descubrí cómo es eso de vivir bien.
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